Cinco poemas de Con tres heridas
Con tres heridas, de Loli G. García, toma su título de unos versos de Miguel Hernández y ordena sus cincuenta y un poemas en tres secciones, La del amor, La de la muerte y La de la vida, a las que se suma un breve epílogo. Es un libro de verso libre y léxico despojado, atento a la música del lenguaje, que recorre el deseo y la intimidad compartida, el duelo y la finitud del cuerpo, la maternidad, la crianza y la memoria colectiva. Para esta muestra hemos elegido cinco poemas que atraviesan el libro entero: uno de cada herida, uno más de la sección de la vida y otro del epílogo. Cada pieza cumple al menos dos de nuestros criterios de selección: que sirva de puerta de entrada, que muestre el recurso técnico más característico de la autora, que encarne un tema central, que conmueva de forma directa o que deje ver la construcción formal del conjunto. Los textos se reproducen íntegros, tal como aparecen en el libro. Más sobre la autora en https://nuestrosescritores.com/loli-g-garcia/
Digo piel
Criterio: Puerta de entrada y técnica singular
Digo piel cuando quiero decir patria
donde nacer y morir en un instante.
Digo piel y la mía se eriza
cuando siente cerca tu aliento.
Digo piel y no hay tiempo ni distancia
tu cuerpo en el mío en aquel amanecer.
Digo piel, y suspiros y sudor y lágrimas
que derramamos de tanto querernos.
La anáfora de «Digo piel» abre cada par de versos y va desplazando el sentido de la palabra: primero patria, luego estremecimiento, después memoria del amanecer compartido. Es la mejor entrada al libro: breve, rítmico y sostenido por el recurso que la autora maneja con más soltura, la repetición.
El polvo que seremos
Criterio: Temático central y arquitectura
Cada día nos deshacemos un poco.
Sin darnos cuenta vamos dejando atrás
trocitos de cuerpo, de piel, de pelo.
Las sábanas, mudos testigos,
recogen en sus pliegues
invisibles partículas
anticipo del polvo que seremos.
También nos donamos
en el perfume que impregna
las ropas.
En las cosas reunidas con amor,
en espera del testigo leal
que las libre de ser basura.
Nos regalamos
en cada exhalación
con su reposo de muerte
y su suspiro de vida.
Nos dejamos ir
cada noche,
en un ensayo de la partida final.
Nos dispersamos con el roce de los cuerpos,
en las caricias, en los besos.
De tanto darnos la piel se torna
flácida, rugosa, sin brillo
antesala ya del gris
que nos dará la muerte.
Somos materia en descomposición,
futuras cenizas lanzadas al mar
o a la cima de esa montaña
que tanto amamos.
Así se cierra el ciclo
iniciado con nuestra llegada
envueltos en esa piel de terciopelo,
con ese olor a vida nueva,
y la suavidad de la carne tierna
que olemos y acariciamos con deleite.
Es el poema que sostiene la herida de la muerte: la pérdida diaria de «trocitos de cuerpo, de piel, de pelo» como anticipo del final. Su serie de verbos pronominales (nos donamos, nos regalamos, nos dejamos ir) cierra el círculo volviendo a la piel del recién nacido.
Ya queda menos para el verano
Criterio: Arquitectura y emoción directa
Rezuma la humedad
y el aroma de la hierba mojada
penetra por todos los poros de tu piel,
tu cuerpo crece y se ahueca.
Sólo una sensación: Felicidad.
Tempranero el jacinto se ha hecho sitio
y adorna el verde aquí y allá,
tal que gotas ambarinas.
Solo una emoción: Alegría.
Febrero se despide con sabor a frío esperanzado
y en la tarde de domingo el sol cae en el ocaso
con el rojo de los atardeceres de mayo.
Solo un pensamiento: Ilusión.
Ya queda menos para el verano,
mientras tu vientre hermoso crece
y alberga a una linda niña como tú.
Solo una palabra: Plenitud.
Cuatro movimientos, cada uno rematado por un verso-estribillo que nombra una sola cosa: una sensación, una emoción, un pensamiento, una palabra. La espera del verano y la de una criatura avanzan juntas hasta desembocar en «Plenitud», la última palabra del poema.
Te llevo dentro
Criterio: Emoción directa y técnica singular
A Blanca Olabuenaga
Sin que yo supiera,
naciste entre mis pliegues suaves
que fueron tu cuna.
Con cada movimiento te mecía
y alimentaba.
Mientras, tú crecías.
Hoy te muestras en mí
robas mi palabra,
mi sonrisa, mis pasos seguros.
¡Ingrato hijo de mis células!
Y, sin embargo,
no puedo maldecirte,
te llevo dentro
y no me importará hacerlo
mientras me dejes seguir siendo yo.
Un poema que se dirige a lo que crece dentro del cuerpo con la ternura debida a un hijo, hasta el verso que lo nombra: «¡Ingrato hijo de mis células!». La ambivalencia entre acogida y amenaza lo hace una de las piezas más sorprendentes del libro.
La vida quiso
Criterio: Temático central y emoción directa
La vida quiso
que me fuera —sin querer—
de mi casa, de mi patio,
del olivo y la lavanda.
Refugiada me llaman,
obligada —diría yo—
por la guerra, la hambruna,
las circunstancias.
Me he construido de nuevo
rodeada de otros rostros,
de otras miradas y colores;
ahora tengo casa.
Orientada al sur
—para ahuyentar mi frío —
cuajadas de geranios
sus escaleras exteriores,
improvisado calvario
grana,
donde sentada evoco
la otra tan lejana:
la luz mediterránea
la calentaba
dorando su piedra
en el ocaso.
El aroma de la higuera
perfumaba el aire
y penetraba por mis poros
ansiosos de dulzor.
El crujido de la pinaza
bajo mis pies
hablaba de pertenencia,
mientras el calor volcánico
ascendía entre jaras y retamas.
La tibieza amniótica del mar
mecía mis noches
y dejaba un rastro tenso de salitre
en mi piel seca.
Imágenes y palabras
que prenden recuerdos
y son bálsamo
para un corazón que zozobra,
cuando añora desde tan lejos
su casa.
Este poema ha sido Primer Premio del Certamen Literario Menéndez Pelayo de Santander, en la modalidad poesía no italiana.
Desde el epílogo, la voz se abre a lo colectivo: una mujer refugiada evoca la casa perdida desde la nueva, con el olivo, la higuera y la pinaza como memoria sensorial. Obtuvo el primer premio de poesía no italiana del Premio Literario Menéndez Pelayo de Santander.
Con tres heridas reúne cincuenta y un poemas y un epílogo en los que Loli G. García recorre las heridas del amor, de la muerte y de la vida con la palabra justa y sin adornos. El libro, con prólogo de Ángela Serna, está publicado por Ediciones Rilke (2026), tiene 96 páginas y puede adquirirse por 17 € (ISBN 978-84-18566-73-8). Más información sobre la autora y su obra en https://nuestrosescritores.com/loli-g-garcia/